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  • cien años de soledad

sábado, 13 de noviembre de 2010

Capítulo IX

Seguimos con la historia de este impresionante escritor, que no ha hecho más que llenarnos de sorpresas en cada una de sus obras.

El término de la guerra.



Para esta ocasión haremos nos centraremos en solo una persona, el coronel Aureliano Buendía, y hechos que pudieron ser provocados por su actitud.

Aureliano, según narra este capítulo, ya no era el mismo, de  hecho, al comenzar la guerra Aureliano fue cambiando progresivamente durante la guerra hasta convertirse en un hombre totalmente alejado de lo que alguna vez hubiera sido. Tenía tanto poder, era considerado un ser mítico por muchos.
Gerineldo, su amigo, y aquel último joven que aún vivía desde que salieran de Macondo al iniciar la guerra, se sentía solo, y quiso en algún momento encontrar apoyo en el Aureliano que él creía tal vez poder encontrar, pero no era así. Aureliano desde que le hubieran dando el mando total de las fuerzas rebelde;, luego de haber sido muerto en una emboscada el anterior general Teófilo Vargas, comenzó a sentir un frío inmenso, llevaba siempre consigo una menta, y en su soledad ya no le importaba el mundo exterior, la guerra y todos sus problemas ya le tenían sin cuidado, se dedicó a dormir y a acostarse con sus concubinas. Sólo Úrsula pudo darle un poco de consciencia del mundo con sus palabras. Había llegado incluso al extremo de querer fusilar a Gerineldo, pero por palabras de Úrsula pudo arrepentirse a tiempo, decidió entonces, junto a Gerineldo acabar con la guerra y tras dos años lo logró, firmó un armisticio. Luego de haberlo hecho, se disparó en un punto en el cual su doctor le había señalado que estaba el corazón, pero éste le había engañado, de modo que Aureliano quedó vivo y pudo volver a Macondo a pasar sus días en la casa de donde salió.

Gracias por leer.

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